Windows 7 ha sido uno de los sistemas operativos más sólidos y estables producidos por Microsoft. Su éxito, paradójicamente, se ha convertido en un problema para los de Redmond, ya que las empresas que implantaron Windows 7 se resisten ahora a abandonarlo.

El 13 de enero de 2015 finalizó el soporte estándar de Windows 7, que proporcionaba mejoras y nuevas funcionalidades y actualizaciones de seguridad. A partir de esa fecha el sistema siguió operando con el soporte extendido, que se limita a realizar actualizaciones de seguridad y corrección de errores.

El 14 de enero de 2020 finalizará el soporte extendido. Teniendo en cuenta que Windows 7 se encuentra instalado en más del 30% de los ordenadores con sistemas Windows, podemos adivinar que se avecinan problemas.

El hecho de que un sistema operativo deje de recibir actualizaciones lo convierte en blanco fácil para los delincuentes informáticos. Un ladrón siempre irá antes a por una casa con las puertas y las ventanas abiertas que a otra bien asegurada y con alarma.

Y no es sólo un tema de seguridad. El sistema operativo es el soporte sobre el que funcionan las aplicaciones, y estas evolucionan constantemente añadiendo nuevas funcionalidades y corrigiendo errores. Si el sistema no evoluciona con las aplicaciones, llega un momento en el que surgen las incompatibilidades.

Cuanto más se tarde en hacer el cambio, mayores serán los problemas de seguridad y de funcionamiento.

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