Una contraseña que se repite en dos o tres cuentas, un correo con apariencia de proveedor habitual que nadie se para a comprobar, una copia de seguridad que «en teoría» se hace cada noche… ¿Te suena? La mayoría de los incidentes de ciberseguridad en pymes no vienen de ataques sofisticados, sino de estos pequeños descuidos que, con las prisas del día a día, acaban pasando desapercibidos.
Según el Balance de Ciberseguridad 2025 de INCIBE, se gestionaron más de 122.000 incidentes de ciberseguridad en España el año pasado, y buena parte de ellos afectó a pequeñas y medianas empresas. Y no, no hace falta ser una gran corporación para convertirte en objetivo: de hecho, suele ser justo al contrario.
¿Por qué las pymes son un objetivo tan atractivo para los ciberdelincuentes?
Piénsalo desde el punto de vista de un atacante: una empresa de entre 10 y 100 empleados maneja datos que tienen valor real —clientes, facturación, información interna— pero rara vez cuenta con el mismo nivel de protección que una gran corporación. Es la combinación perfecta: beneficio alto, resistencia baja.
A esto se suma algo muy habitual en plantillas reducidas: una sola persona suele llevar varias funciones a la vez, así que revisar procesos de seguridad casi nunca es la prioridad del día. Y ahí, sin mala intención de nadie, es donde se cuelan los errores.
Los errores más comunes en la ciberseguridad en PYMES
Contraseñas débiles o repetidas. Sigue siendo, con diferencia, el fallo más habitual. Si alguien consigue una sola contraseña filtrada, es muy probable que la pruebe en el correo corporativo, el CRM o el acceso remoto —y que, por desgracia, funcione.
Sistemas sin actualizar. Cada actualización corrige vulnerabilidades ya conocidas. Aplazarlas «para no interrumpir el trabajo» es dejar la puerta entreabierta con el cartel de: fallo detectado, solución disponible, pero sin instalar.
Copias de seguridad que nadie ha comprobado. Tener una copia de seguridad no es lo mismo que tener una copia de seguridad que funciona. Nos hemos encontrado más de una vez con que la última copia útil tenía semanas, o que el proceso llevaba tiempo fallando en silencio —y claro, eso se descubre justo cuando ya hace falta restaurar algo.
Depender solo del antivirus. Es necesario, sin duda, pero no basta por sí solo. La seguridad de verdad se construye por capas: firewall, control de accesos, copias de seguridad, monitorización y, sobre todo, un equipo que sepa reconocer un correo sospechoso.
Falta de formación frente al phishing. La mayoría de los ataques que tienen éxito no «hackean» nada en el sentido técnico: simplemente engañan a una persona para que haga clic donde no debía. Un equipo sin esa formación básica suele ser el punto más débil de toda la estrategia, por muy buena que sea la parte técnica.
Wifi y accesos remotos sin protección real. Contraseñas de wifi que llevan años sin cambiarse, accesos remotos sin doble factor de autenticación, dispositivos personales conectados sin ningún control… son puertas que muchas empresas ni siquiera saben que tienen abiertas.
Permisos demasiado amplios. Cuando todo el mundo tiene acceso a todo, un solo usuario comprometido puede convertirse en una brecha completa. Limitar el acceso a lo que cada puesto realmente necesita reduce mucho el daño si algo falla.
Lo que está en juego si no se corrigen
No hablamos solo de un problema «técnico». Un incidente de seguridad puede parar la actividad durante horas o incluso días, provocar la pérdida o el secuestro de información —el temido ransomware—, generar costes económicos directos e indirectos, dañar la confianza de clientes y proveedores, y en algunos casos derivar en problemas legales si hay de por medio un incumplimiento del RGPD.
Ciberseguridad en pymes: por dónde empezar
No hace falta arreglarlo todo el mismo día. Revisar contraseñas y accesos, activar las actualizaciones automáticas donde se pueda, comprobar que las copias de seguridad realmente funcionan, dar una formación básica de phishing al equipo y activar el doble factor de autenticación en correo y accesos remotos ya cubre buena parte del riesgo.
La seguridad empieza por conocer los propios fallos
Ninguna empresa está libre de cometer alguno de estos errores —lo importante es detectarlos a tiempo, antes de que se conviertan en un problema real.
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